Blue Whale Sighting in the Galapagos Islands

Spanish

La neblina nos acosa desde cada punto cardinal. Gracias al radar sabemos que hay una isla al este de la proa, la más grande, Isabela. Es como si el mundo fuera un cúmulo de nubes, y en ellas, inmersa, divisamos una gran ballena. Cruza silenciosa, apenas se escucha su soplido, poderoso suspiro cargado de sal y nostalgias por aquellos días cuando eran abundantes. La columna de vapor asemeja un gigantesco árbol de ceibo que extiende sus ramas para tocar el cielo. No cabe duda de que se trata de una ballena del grupo de las rorcuales. ¿Pero donde está la aleta dorsal? ¿O es que no tiene?


Comienza a aclarar, nos descubrimos navegando dentro de la colapsada caldera de volcán Ecuador.


De pronto la ballena aparece junto al barco. ¿Será que se siente sola en estos mares donde tantos de los suyos han sido masacrados durante siglos, y, lo que es peor, siguen siendo asesinados? Tal vez quiere aprender de esta especie rara, capaz de maravillarse ante una criatura de las profundidades, y capaz también de exterminarla. ¿Quienes somos? En el silencio nos identificamos en esta reflexión: ¿quienes, o que somos los humanos? ¿Y quien es ella? La miramos mejor, es una ballena azul. Bastante pequeña para ser azul, pero hay que recordar que los balleneros siempre prefirieron a los individuos más grandes, y a lo largo del tiempo, esta “selección anti-natural”, ha reducido el tamaño promedio de las ballenas. ¿Y que pasó con la aleta? Está rota, como si se la hubieran mordido, ¿tal vez una Orca? ¿O habrá sido el efecto de un arponazo de balleneros? Nunca lo sabremos. La ballena se nos acerca una segunda ocasión; tal vez intenta entendernos, tal como nosotros tratamos de entenderla, con mutuo respeto y genuina curiosidad, como los habitantes con iguales derechos de este planeta azul.


English

The fog haunts us from every cardinal point. We know, thanks to the radar, that there is an island east of the bow, the largest one, Isabela. It is as if the world were a mass of clouds, and within them we spot a gigantic whale. Moving silently, its breathing barely audible, a powerful sigh laden with salt and nostalgia for those days when they were abundant and happy. Its blowhole resembles a kapok tree stretching out its branches to reach the skies. We have no doubt it is baleen whale but we haven’t been able to see the dorsal fin. Or, is there no fin? The sky begins to clear so we notice we are all inside Volcan Ecuador’s collapsed caldera.

Suddenly the whale appears right next to the boat. Does she feel lonely in these waters where so many of her kind have been slaughtered for centuries, and, even worse, continue to be killed? The whale does a bit of “spy-hopping”, perhaps wanting to learn more about us, this rare species that marvels at a creature of the depths, and is also capable of exterminating it.

We get a closer look, it is a blue whale! The largest mammal ever to inhabit Earth. This one is pretty small for a blue, but we must remember that whalers prefer the largest individuals, and over time this “un-natural selection” has pushed the population into smaller sizes.

What happened to the dorsal fin? Has it been bitten off? Maybe by an Orca? A whaler’s harpoon? She approaches for a second time: she looks at us as we look at her, mutually respectful, and full of genuine curiosity as what we are, equal inhabitants of this blue planet.

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